Hoy nos calzamos los zapatos de pisar con garbo, porque nos vamos a recorrer las calles de una de las villas más interesantes de la bella Italia. Ferrara, a caballo entre el Medievo y el Renacimiento, nos dejará un agradable sabor de boca, sobre todo si tenemos en cuenta que hoy vamos a comer en una ciudad Patrimonio de la Humanidad, así que tendremos que repartir bien el tiempo para que la jornada del viajero sea lo más productiva posible. Nuestros sentidos nos lo agradecerán.

Ferrara se asoma al Po, ese río voluptuoso que lleva sus aguas a algunas de las más bellas ciudades italianas. Dejaremos que esa estampa se quede en nuestra cabeza mientras vamos dando forma a algunos de los rincones más singulares del trazado ferrarense.

No podemos hablar de Ferrara y, desde luego la ciudad no sería como es hoy, si no tuviésemos en cuenta a la Casa de Este, propietarios del Ducado de Ferrara y auténticos enamorados del rincón que eligieron para vivir.

Tanto es así que, alrededor del siglo XV, se propusieron transformar la villa en un auténtico referente para la modernidad de la Europa de entonces, y las maravillas medievales que aún hoy podemos visitar dieron paso a una Ferrara explosiva y renacentista.

Podemos quedarnos en el interior de la ciudad, rodeada por nueve kilómetros de murallas que nos delimitan el itinerario y nos hacen más fácil ubicarnos para poder conocer algunos hitos arquitectónicos de esta maravillosa urbe.

No seremos nosotros quienes presumamos de glosar sobre Ferrara, ya lo hicieron antes ilustres hijos de las Artes: Piero della Francesca, Ariosto, Tiziano, Alberti, Tasso… Todos ellos gastaron tinta y pergamino en dejar buenos referentes sobre la hermosa ciudad italiana.

Eso sí, no podemos dejar de aconsejar sobre algunos lugares imperdibles que deben ser visitados sin excusa que valga. Que esto sirva apenas de esbozo, que la ciudad da para mucho más.

Imposible no comenzar por el Castillo Estense. Es como si tomásemos como punto de referencia el lugar en el que se ideó todo. Es del siglo XIV y a través de él tendremos la oportunidad de hacernos una fantástica foto en el fastuoso Patio Ducal, hoy Plaza del Municipio. Debemos prepararnos para un viaje a través del arte medieval y el renacentista. ¡Una auténtica gozada!

No dejéis atrás el Quadrivio degli Angeli, un triángulo maravilloso conformado por tres apoteósicos palacios, el de Turchi di Bagno, el Prosperi-Sacrati y el Palacio dei  Diaminti. Este último palazzo fue iniciado a finales del siglo XV y, en la actualidad, es la sede de la pinacoteca. Tienes que observar su rico almohadillado exterior, formado en punta de diamante, que da nombre al edificio.

Ferrara

Pero en la Corte de los Este el arte no sólo podía percibirse en la arquitectura, también la cocina era lugar de expresión artística y los fogones bullían con platos como el “pasticcio” de macarrones, un pastel que tiene su origen en las casas de la alta nobleza. De preparación compleja y sabor particular, se trata de hojaldre dulce relleno de macarrones con ragú, bechamel, setas, trufa y nuez moscada. De esta época también se conservan los “Cappellacci di Zucca ferraresi”, pues este plato ya aparece en los recetarios renacentistas de los Scalchi, al servicio de la familia de los Este en Ferrara. Se trata de pasta rellena de calabaza que debe su nombre -Cappellacci- a su parecido con los caplaz, sombreros de paja que llevaban los campesinos. Este plato típico está a la espera de la certificación IGP (Indicación Geográfica Protegida).

Como podemos ver, en Ferrara se cumple más que nunca la máxima de “una ciudad no es sólo para verla, sino para comérsela”, pues la gastronomía es parte inseparable de su historia y uno de sus grandes atractivos. Será una buena excusa para sentarnos un rato y descansar los pies, que el caminante también precisa de un respiro y buenos platos que repongan sus jornadas de curioso aventurero.

Si quieres buena comida, has llegado al lugar ideal. Ferrara está tan volcada en su paladar que son varias las ferias gastronómicas de prestigio que salpican el calendario anual. Lo cierto es que no es raro, porque la riqueza de esta tierra da para muchas recetas tradicionales que se potencian con la calidad de las materias primas. Famosa es la Salama de Sugo, un fiambre embuchado de recio paladar, que suele combinarse con delicados purés de calabaza.

Evidentemente cada estación del año tiene sus propios platos típicos, que se preparan en función con lo que la naturaleza ofrece a los ferrarenses. A finales del mes de abril, la primavera nos estalla en el paladar con los deliciosos espárragos de Mesola y las fresas de Lagosanto. El final de la estación nos sorprende con el pez de Gorino, que preparan con distintas salsas y en diferentes platos.

Solo un mes después, ya en julio, tenemos la opción de visitar varias ferias de la pera que se celebran por los alrededores. Es el momento de probar los caracoles, que para eso es época, y los cappellacio, una pasta corta rellena de pez y esturión.

En agosto no podéis dejar de dar un bocado a un poco de salchichón de ajo, llamado cotechino, y el pato. Por cierto, también es tiempo de almejas y el momento ideal para dejarse caer por la Feria de la Macedonia.

En septiembre llega un otoño de lo más aromático, gracias a las trufas del Bosque de la Panfilia. También es momento para degustar riquísimos platos con ancas de rana y, cómo no, la deliciosa bondiola, ese estupendo fiambre de cerdo que se convierte en la reina del antipasto en todas las mesas de la ciudad.

Como puedes observar, Ferrara se ve y se come, así que prepárate para un periplo muy particular en el que podrás sentir, en el más estricto sentido de la palabra, lo que significa ser ferrarense.

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