3 obras italianas que esconden una curiosa historia
20
Jul

3 obras italianas que esconden una curiosa historia

Historias, interpretaciones controvertidas, leyendas y curiosidades. Italia está llena de arte mires por donde mires. Y, lo más bello de todo, es que sus obras no son solo lo que ves, sino todo lo que esconden. 

1. Ponte Vecchio

Ponte Vecchio

 

Se eleva sobre el rio Arno como uno de los iconos inconfundibles de Firenze. Construido entre 1335 y 1345 ha sobrevivido al paso del tiempo gracias a su estructura de arcos y es, a día de hoy, uno de los pocos puentes habitados del mundo. 

Actualmente la mayoría de las casas que cuelgan en él son joyerías, pero antiguamente, casi todos los establecimientos comerciales fueron carnicerías, ya que el olor de la carne obligaba a los comerciantes a desplazarse lejos del centro de la ciudad. 

Su historia con los Médici es muy curiosa. La familia de mecenas más conocida de Firenze mandó construir en 1593 un pasadizo privado sobre el puente que conectase, sin necesidad de pisar la calle, sus dos castillos. Este camino, de un kilómetro de distancia llamado el corredor de Vasariano, protegía a la familia de los intentos de asesinatos que los amenazaban continuamente. 

Fue el único puente que sobrevivió a la II Guerra Mundial. Cuenta la leyenda que el propio Hitler ordenó no destruirlo después de quedar prendado de su belleza. 

2. La Piedad 

La Piedad de Miguel Ángel

 

Miguel Ángel aún no había cumplido 25 años cuando, en 1499, hizo esta escultura que, a día de hoy, es una de las más famosas de la historia. Fue la única obra que firmó en toda su carrera. Por aquel entonces aún era un joven artista poco conocido en Roma. 
De inmediato, la edad de las dos figuras, llamó la atención a sus contemporáneos. La virgen, que sostiene a Jesucristo en brazos, parece tener la misma edad que él. Cuando le preguntaron a Miguel Ángel al respecto, este reconoció que era intencional. Su respuesta fue “las personas que aman a Dios no envejecen nunca”. 

El 21 de mayo de 1972, La Piedad recibió un brutal ataque a manos de un hombre llamado Laszlo Toth, un geólogo australiano de origen húngaro, que le propició 15 martillazos a la obra al grito de “¡Yo soy Jesucristo, resucitado de entre los muertos!”. 

El altercado acabó con un brazo de la virgen en el suelo y parte de su rostro desfigurado, aunque, tras meticulosos trabajos de reconstrucción, tan solo se puede apreciar una pequeña cicatriz en la punta de la nariz de la virgen. Desde entonces, la escultura se encuentra protegida por una cúpula de cristal, incluso, a prueba de balas. 

3. La Última Cena

La última cena de Leonardo da Vinci

 

Las obras de Leonardo Da Vinci suelen prestarse a interpretaciones diversas. Los motivos por los que el artista tomaba ciertas decisiones en sus obras siguen siendo una incógnita hoy día y La Última Cena, pintada entre 1494 y 1498, no es una excepción. 

El cuadro muestra el momento justo en el que Jesucristo anuncia a sus discípulos que va a ser traicionado. Uno de los grandes debates sobre la obra gira en torno a la figura que se muestra a la derecha de Jesús: ¿es el apóstol Juan o María Magdalena?

El personaje de Judas es otro motivo de discusión. Cuenta la leyenda que Da Vinci visitó varias cárceles hasta encontrar a un verdadero criminal con el que retratar al traidor. Otros dicen que, en realidad, es el propio Leonardo el que plasmó su rostro en Judas a modo de autorretrato. 

Una de las cosas más curiosas del cuadro, y también una de las más difíciles de corroborar, es la partitura que se esconde en él. El músico italiano Giovanni Maria Pala descubrió que las posturas de las manos de los apóstoles y de los panes de la mesa están en posición de notas musicales. Si se leen de derecha a izquierda componen una bella melodía de 40 segundos. 


¿Has tenido el placer de ver alguna de estas tres obras?