14
Jun

Arezzo, descifrando sus raíces antiguas

Conocida como la ciudad de las antigüedadesArezzo fue desde sus orígenes, allá en el siglo IX a.C, una de las principales ciudades de la Liga Etrusca, mucho antes de que los romanos la convirtieran en importante asentamiento defensivo. Pero si algo caracterizó a esta apacible ciudad toscana, que llegó a competir en relevancia con Florencia y Siena, fue su potente industria manufacturera. Su orfebrería y cerámica representan, de hecho, el legado más preciado de Arezzo. Los famosos vasos aretinos, conocidos por su trabajado relieve, impulsaron la economía de la región bajo el imperio romano y hoy continúan siendo un importante patrimonio artístico y cultural.

Las huellas de este pasado etrusco y especialmente romano, se dejan sentir por diversos rincones, en concreto hacia el sur, donde se puede admirar el conjunto arqueológico formado por el anfiteatro romano, del siglo II d.C. Hoy comparte espacio con el monasterio benedictino Olivetani del siglo XIV y con el Museo Arqueológico Nacional Gaio Cilnio Mecenate, el cual alberga una importante colección de piezas etruscas y romanas encontradas en la región aretina.

El Arezzo medieval

Tras la caída del imperio romano y con el inicio de la Edad Media, Arezzo vivió años convulsos en los que su dominio fue disputado entre los fiorentinos y los aretinos hasta que en el siglo XVI se asentó en ella una de las familias de mayor relevancia en Italia: Los Médici. Durante su mandato, Arezzo alcanzó esplendor y relativa tranquilidad y fruto de esta etapa son la mayoría de edificios y monumentos que se pueden admirar en esta bonita villa medieval.

 

Un buen punto de partida para visitarla es la Fortaleza de los Médici, construida entre 1538 y 1560, todo un símbolo de poder de esta familia, mecenas del arte, que rodea la ciudad desde su punto más alto. Bajando a la Piazza Grande, donde palpita la vida de Arezzo, se concentran la mayoría de edificaciones del período medieval como sus torres, el Palazzo della Fraternita dei Laici y el Loggiato de Vasariobra renacentista de uno de sus ciudadanos más importantes, Giorgio Vasari, arquitecto, pintor e historiador de figuras del Renacimiento italiano. Pero sin duda la joya de esta armoniosa plaza es la Iglesia Santa María della Pieve, máximo exponente del románico toscano, construida entre los siglos XII y XIV, cuyo campanario se alza imponente en la Piazza.

Cerca de allí, en la Plaza de la Catedral se sitúa el Duomo del año 1561, de estilo austero y más adelante se encuentra la iglesia de San Francesco, de estilo gótico franciscano, conocida por los hermosos frescos de Piero de la Francesca. Pero los edificios civiles también destacan como la Casa del famoso poeta italiano Petrarca, el otro ciudadano conocido de Arezzo, máximo representante de la lírica italiana, creador del dialecto toscano y del idioma italiano base tras la reunificación de Italia en 1861.

Tierra de trufas y ricos sabores 

Devorar tanto arte y cultura por la ciudad seguro que abre el apetito. Y es que no olvidamos que estamos en una de las regiones más ricas y variadas de la gastronomía italiana. La mezcla de culturas y tradiciones de esta zona ha dado lugar a una cocina de excelentes productos agrícolas y ganaderos con los que se elaboran deliciosos platos, principalmente de sopas de verduras y carnes. La confluencia de valles, bosques de Robles y su clima hacen que la región de Arezzo cuente, además, con uno de los productos más codiciados mundialmente: La trufa.

Resulta imposible no dejarse tentar con los platos elaborados 'al tartufo' con variedades de trufa blanca o negra como la Valbiterina, presente durante todo el año, o la Pregrato. Pese a ser un ingrediente caro es habitual encontrarlo en guisos y platos de pasta fresca, como los pappardelle al tartufo e funghi que podéis probar en nuestra carta. Pero esta tierra fértil esconde otras variedades de hongos más comunes como la boletus edulis o la aromática prugnolo, una de las setas de primavera por excelencia que aporta un potente sabor a las polentas y tortillas.

Los sabores contundentes y reconfortantes de la cocina aretina recuerdan los tiempos del  laborioso trabajo en el campo y el origen humilde de muchas de sus recetas. Las sopas son un ejemplo de ello y además una seña de identidad de la región. Las más habituales son las acquecotte, sopas a base de verduras y pan duro como la afamada ribollita, que lleva, además de legumbre, el cavolo nero, una variedad de col negra poco frecuente en el mundo, pero muy  habitual en esta zona.

 

La carne también está presente en algunas de estas sopas, aunque ésta también se acompaña o untan en el famoso pan tostado toscano en recetas como el pan di lepre (pan de liebre) o los crostini de beccaccia (perdiz). Estas carnes de caza, a las que se añaden la de jabalí o pato salvaje, son frecuentes en el recetario aretino y uno de sus platos más emblemáticos son los pappardelle al sugo d'anatra o nana, una pasta artesanal más gruesa que los fettucini que lleva carne de pato en salsa y suele prepararse en ocasiones especiales y días festivos.

El paseo turístico por esa bonita localidad medieval bien merecerá esta recompensa culinaria llena sabor. Recobradas nuestras fuerzas todavía quedará tiempo para seguir disfrutando de su encanto y de sus alrededores, hacer compras en sus maravillosos anticuarios, donde adquirir alguna pieza de cerámica, o dejarse caer por algunas de las festividades más aclamadas de la localidad. Pero eso será en el siguiente capítulo. Hasta entonces, buon appetito!