El palacio farnesio de Piacenza
16
Ene

El palacio farnesio de Piacenza

Piacenza es una de las ciudades cuyo devenir histórico y la importancia que ha tenido, desde su fundación en el siglo III a.C., en cuestiones económicas, comerciales e industriales, ha permitido un desarrollo inusual en otras provincias. Este hecho nos ha dejado un legado monumental extraordinario, entre el que destaca el Palacio Farnesio.

Sin duda, como toda la urbe, el monumento está completamente ligado a la casa de los Farnesio y, en este caso, fue Ottavio Farnese, duque de Parma y Piacenza, casado con la hija del emperador Carlos V, Margarita de Austria, quien comenzó la construcción del edificio que hoy recorremos.

El origen del Palacio Farnesio se debe al hecho de que el duque de Piacenza y su mujer desearan tener una residencia en esta provincia italiana, donde podían sentirse más seguros. Este último dato nos es fácilmente perceptible en cuanto echamos un vistazo al edificio, construido con enormes y gruesos muros, sobre una antigua fortaleza.

Tras muchos devenires, el proyecto original de Francesco Paciotto fue acabado a comienzos del siglo XVII, bajo el amparo del duque Ranuccio I. A pesar del esplendor de la edificación, el Palacio Farnesio cayó en desgracia en el siglo XVIII, tras la muerte del último duque de Farnesio y no fue hasta principios del siglo XX, cuando vuelve a tener actividad.

El edificio en la actualidad es un museo cívico y recibe a miles de turistas que se dejan seducir por la belleza de la Capilla Ducal y la Galería, una pinacoteca con pinturas de los siglos XVI y XVII, todas ellas pertenecientes a la casa del ducado.

 

Al margen de la importancia artística e histórica del Palacio Farnesio, durante la visita es fácil realizar un recorrido mental hacia aquella época en la que el edificio bullía de vida y actividad. Es seguro, que las cocinas y los fogones de palacio ocultan los secretos mejor guardados de la gastronomía piacentina. No podemos olvidar que hubo una época en que la fama de los platos de esta región italiana de Emilia-Romagna, fue tan importante que incluso se acunó una expresión (roba de Piacenza) para designar a aquellos platos que destacaban por su sabor y extrema calidad.

Entre los grandes manjares, que han pasado a la posteridad, desde aquella época, es seguro que la coppa, un embutido cuyo corte nos recuerda al jamón curado; la pancetta y el salame piacentini, constituyen el triunvirato del antipasti de la zona.

No podemos olvidar los grandes festines que seguramente han visto las paredes del Palacio Farnesio. En ellos se reunía lo más granado de la sociedad de cada época, pasando por momentos de gran esplendor, que se traducía en una atención gastronómica excepcional, como correspondía a la grandeza de la familia Farnese.

No se puede dejar pasar por alto que, desde tiempo inmemorial, la ciudad de Piacenza se ha visto bendecida por la bonanza y calidad de sus productos de la tierra, cultivados con esmero a las orillas del río Po. Verduras y hortalizas han servido para acompañar grandes recetas a base de carne equina. Entre ellas destacan, por haber pasado a nuestros días, la pìcula ‘d caval y el plato de stracotto d’asinina.

El primero de estos platos, es un picadillo de carne de caballo, muy apreciado en la zona de Piacenza. Igual suerte corre el guiso de carne de burra con salsa de vino, que es el stracotto.

Desde luego, sería un pecado mortal, visitar el Palacio Farnesio en Piacenza y no aprovechar para probar un tipo de cocina tan espectacular que cuenta con veintiún productos con Denominación de Origen reconocida.