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Jul

Florencia al otro lado del Arno

Convertido en todo un símbolo de la ciudad y construido en 1345, este puente de piedra se trata del más antiguo de Europa y durante los siglos XV y XVI sus casas colgantes fueron las viviendas de los carniceros de la ciudad. Hoy, en cambio, detenerse a ver sus escaparates deslumbrará a más de uno y una, ya que desde que Fernando I de Médici ordenara cerrar las antiguas carnicerías en 1593, las tiendas que albergan estas coquetas casas son joyerías y casas de orfebres.

La siguiente parada, cruzado el puente, es el llamado Palazzo Pitti, residencia oficial de los Pitti, la otra dinastía familiar que quiso emular la labor de mecenazgo y de poder de los Médici sobre la ciudad de Florencia. Aunque efectivamente así fue, los Pitti acabaron arruinándose en 1550, y el palacio fue adquirido por Eleonora de Toledo, mujer de Cosme I de Médici, de modo que se mudaron en 1565 a esta majestuosa residencia. Para nuestra suerte podemos admirar la inmensidad de obras maestras que alberga este curioso palacio construido por Brunelleschi y su discípulo Luca Fancelli, por orden de Luca Pitti con la intención de superar en magnificencia al Palazzo de los Médici. La riqueza de las siete colecciones que alberga entre pinturas de Boticelli, Rafael o Caravaggio, esculturas, joyas, camafeos, vajillas y cerámicas, tapices e instrumentos musicales resulta incalculable.

 

Ahora, quizá el secreto mejor guardado de este palacio no se encuentra precisamente de puertas hacia dentro sino fuera de sus paredes, en los fantásticos jardines de Bóboli. Este oasis de 45.000 m2 salpicado de estatuas de mármol, fuentes de dioses y seres mitológicos, un lago, gran diversidad de plantas y flores y con anfiteatro romano incluido, se trata de una de las más exquisitas muestras de jardín renacentista italiano y uno de los escasos espacios verdes de la ciudad.

Tras recorrer este agradable enclave conviene rematar la visita a este lado del Arno realizando una passeggiata por sus calles e ir descubriendo plazas como la de la iglesia de Santo Spirito, palacios como el de Guicciardini hasta terminar en el punto más alto: San Miniato al Monte y el mirador de Piazzale Michelangelo. Esta plaza, presidida por una réplica en bronce del David de Miguel Ángel, se trata del lugar que cuenta con las mejores vistas de toda la ciudad. Conviene visitarlo al atardecer momento en el que la ciudad se tiñe de tonalidades ocres y hacen resaltar la cúpula de Brunelescchi en conjunto con la majestuosidad del Duomo, la Torre del Reloj del Palazzo Vecchio, el Ponte Vecchio y las aguas del Arno. Una postal difícilmente de olvidar…

Tierra de carnes y dulces sorpresas

Nuestra anterior parada gastronómica nos dejó con ganas de saber más acerca de los suculentos platos que podemos encontrar en toda mesa fiorentina que se precie. Además de la excelente materia prima de los productos toscanos, Florencia se enorgullece de haber exportado una forma de cocinar propia, esto es, alla fiorentina, especialmente el de sus exquisitas carnes de Indicación Geográfica Protegida (IGP).   

Si existe un plato internacional de Florencia, simple y delicioso, ése es la bistecca alla fiorentina, una carne magra de ternera de la raza Chianina, típica de Toscana, que se hace a la brasa y poco hecha con un toque de sal, pimienta y AOVE. Igualmente de carne de ternera está hecho el polpettone alla florentina, literalmente una albóndiga grande que se degusta cortada en lonchas gruesas y se elabora con carne ternera, prosciutto picado, huevo, miga de pan bañada en leche y parmigiano reggiano acompañada de una salsa de boletus y tomate.  Si se trata de platos más elaborados, un guiso estrella de la cocina florentina es el peposo alla fornacina elaborado con carne bovina de IGP, un plato que tomaban los trabajadores que fabricaban los materiales de construcción de la capilla de Brunelleschi en Florencia.

 

Pero al margen de la carne bovina, las carnes de caza tienen un importante protagonismo en las mesas de los fiorentinos, las cuales visten, a menudo, sus platos de pasta. Así sucede con los ravioli di cinghiale rellenos de carne de jabalí o los pappardelle, una pasta larga, más gruesa y ancha que los fettucini - que podéis degustar en nuestros restaurantes - y que se cocinan con carne de liebre, pollo, ganso o pato. Sin embargo, los fiorentinos no siempre tienen tiempo de sentarse a mesa y mantel puestos, y recurren a una de las comidas callejeras más genuinas de la ciudad, el llamado lampredotto y trippa alla fiorentina. Se trata de un panini relleno de tripas de ternera hervidas con verduras y especias, una comida socorrida, incluso para los viajeros que no tienen ni un segundo que perder visitando esta inabarcable ciudad.

Para poner la guinda a estos potentes sabores, los dulces también caben en el recetario de la cocina florentina. Así sucede con los cantucci, unas galletas duras de almendras que se acompañan con el vinsanto, un vino dulce de postre o bien con un buen café italiano que pueden ser el remate a una copiosa comida. Igualmente, y elaborado con la castaña, uno de los ingredientes fundamentales de estas tierras toscanas, podéis decantaros por el castagnaccio o pattona elaborado con harina de castañas, piñones, nueces, pasas, piel de naranja escarchada y romero. Un bocado contundente pero irresistible, como el que os sucederá si visitáis Florencia, la città d'arte por excelencia.