04
Jul

Florencia y el legado de los Médici

Florencia merece una parada obligatoria para saborearla piano piano, pues de lo contrario la belleza que desprende y su vasto patrimonio artístico y cultural puede provocar más de un desmayo. Firenze es la ciudad del ARTE de Italia por antonomasia y así lo determinó la Unesco concediéndole el título de Patrimonio de la Humanidad a todo su legado artístico y cultural en 1982. Este reconocimiento indiscutible no sería posible sin la valiosa labor de mecenazgo que realizó una poderosa e influyente familia de banqueros, comerciantes y amantes del arte durante el Renacimiento italiano: Los Médici.

Mencionar este linaje junto a Florencia resulta prácticamente inseparable y es que desde Cosme el Viejo, pasando por su nieto Lorenzo el Magnífico, hasta el último miembro que reinó en la capital toscana, se volcaron en enriquecer el patrimonio cultural protegiendo a figuras como Dante Alighieri, Giovanni Boccaccio, Filippo Brunelleschi, Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel o Boticelli, entre tantos otros. Precisamente fue en el siglo XIV y gracias a Cosme El Viejo cuando Florencia se situó en el mapa como capital económica, comercial, filosófica y artística, y todo, gracias a su labor de protección de artistas como Donatello o Fra Angelico.

A Cosme se debe el estilo clásico - propio del arte renacentista - de gran parte de la arquitectura en muchas edificaciones civiles y religiosas imprescindibles en una visita a Florencia, empezando por el Palazzo de los Médici (1444), obra de Michelozzo que perteneció a la familia durante más de cien años, y se encuentra situado frente a la Basílica de San Lorenzo promovida también por Cosme. Pero sin duda su principal contribución fue impulsar la construcción de la famosa Cúpula de Brunelleschi de La catedral de Santa María di Fiori o Il Duomo. Cosme fue además el fundador de la Academia Platónica, un espacio dedicado al estudio de los textos de la antigua Grecia.

La cuna del Renacimiento 

Con su nieto Lorenzo el Magnífico, Florencia alcanzó su máximo esplendor durante el cinqueccento. En esa época la ciudad rebosaba de arte, artistas y artesanos y se convirtió en referente mundial para éstos. Todos querían dejar (y dejaron) su impronta en la ciudad. Bajo su poder y su ala protectora se resguardaron artistas como Boticelli, uno de sus pintores de referencia junto al escultor Bertoldo di Giovanni, Leonardo Da Vinci, y su gran descubrimiento el pintor, escultor y arquitecto Miguel Ángel.

 

Gracias a esta mediación de los Médici, la mayoría de obras que se pueden admirar en Florencia, ya sea en museos, edificios y calles, pertenecen a todos ellos. Desde el Perseo con cabeza de Medusa de Cellini situado en la maravillosa Piazza della Signoria, - donde es imposible fijarse en un único elemento debido a la cantidad de esculturas que se encuentran bajo la arcada de la Loggia -, hasta la réplica del David de Miguel Ángel (cuyo original se encuentra desde 1873 en la Galería de la Accademia) que custodia la entrada al Palazzo Vecchio, sede del ayuntamiento.  Cerca de allí, se encuentra la Galleria degli Uffizi, la principal pinacoteca de la ciudad y un referente mundial igualmente promovido por los diferentes Médici que fueron ampliando su catálogo con las adquisiciones de obras de artistas, especialmente del Renacimiento italiano. En definitiva, un legado de exquisito nivel.

Florencia y la gastronomía del pan toscano 

Florencia puede resultar abrumadora, por eso es imprescindible hacer alguna parada antes de continuar con tanto empacho artístico, y lo hacemos en algo igualmente gratificante como es su deliciosa gastronomía. La capital de la Toscana hace honor a la tierra en la que se encuentra: Productos agrícolas y ganaderos de excelente calidad, aceite de oliva virgen extra de primera, vinos y dulces manjares completan un menú rico y variado.

Una buena forma de comenzar el recorrido gastronómico es por el famoso pan toscano empleado en numerosas recetas de la cocina fiorentina. Éste, llamado pan sciocco o “pan soso” debido a la ausencia de sal en su composición, se cuece en horno de leña y se distingue por una corteza gruesa y una miga esponjosa. Se trata de un ingrediente básico y protagonista de toda mesa toscana, cuyo origen se remonta a la Edad Media, momento en el que la guerra entre Florencia y Siena provocó un cese en el suministro de sal para su elaboración, de ahí su nombre. 

 

Por lo general, el pan toscano se emplea en los panini, simplemente con aceite de oliva o con un buen prosciutto, y otros embutidos toscanos, como acompañamiento de los famosos antipasti en forma de bruschetta o en crostini como el crostini di fegato.  Este famoso entrante fiorentino consiste en un pan frito untado con paté de hígado (ternera, pollo, pato, ganso…) anchoas picadas, cebolla y alcaparras. Asimismo, forma parte de otros entrantes ligeros como en la panzanella, una sencilla ensalada elaborada con pan duro, tomate, cebolla, hojas de albahaca, vinagre y un buen aceite de oliva de DO.

El pan sciocco resulta también un ingrediente imprescindible en algunos primeros platos de la cocina de Florencia. Éste es el caso de la ribollita, una sopa hecha con col negra – típica de la región – alubias blancas, tomate y pan duro muy frecuente en los meses fríos y también de la pappa al pomodoro elaborada con tomates, ajo, pan duro, aceite de oliva, ajo y un toque de albahaca. Ahora, si se trata de pasta el otro primer plato estrella de Florencia son los pappardelle al sugo di lepre que, aunque no lleva pan, conviene pedirlo para mojarlo en su deliciosa salsa de ragú de liebre.

Seguro que a más de uno y una se le habrá hecho la boca agua, con estos suculentos platos dignos de ser considerados obras de arte, tanto como el que alberga la preciosa Florencia de la que os seguiremos descubriendo más rincones y secretos culinarios.