Gorizia, caída de la última frontera
14
Oct

Gorizia, caída de la última frontera

Bendecida por un clima agradable, suave en verano y fresco en invierno, hoy dedicamos nuestra visita a Gorizia. Bordeada por relieves montañosos de tipo cársicos, esta localidad ofrece un hermoso paisaje donde el roble, y el pino negro predominan, formando un contraste de color realmente llamativo.

El nombre de Gorizia deriva del sustantivo eslavo gorica, diminutivo de gora, que significa «colina», esta representaba una elevación natural sobre la cual, en el siglo XI, se erigió un castillo que el emperador Ottón III decidió repartir entre el Patriarcado de Aquilea y el conde del Friuli. La ciudad vivió, después,  bajo el poder de los Habsburgo, con dos interrupciones protagonizadas por la ocupación veneciana, de 1508 a 1509; y la incursión de las tropas napoleónicas, de 1809 a 1813. Fue en el 1918 cuando Gorizia cayó en las manos de los italianos, un hecho que signó para siempre su destino y que, además, contribuye a  haber forjado su controvertida personalidad.

Actualmente, la multiculturalidad de esta ciudad, cruce de culturas latinas, eslavas y germánicas, se manifiesta también en su diversidad urbanística y arquitectónica. Gorizia, en efecto, representa el símbolo fronterizo del último muro, derrumbando en el año 2004, entre la Europa Occidental y Oriental. La que podríamos considerar la última barrera de Europa, fue derribada 15 años después aquel que, históricamente, está considerado como “el muro” por excelencia, él de Berlín. Fue así como Eslovenia entró en la Unión Europea, y las ciudades de Nova Gorica y Gorizia finalmente dejaron de ser una ciudad dividida y de pertenecer a dos mundos distintos.

El origen de la división se remonta a 1947. Al finalizar la I Guerra Mundial, Italia se anexionó el territorio en el que ahora están ambas ciudades, hasta entonces pertenecientes al extinto Imperio Austro Húngaro. En la provincia de Gorizia se encontraba una nutrida minoría eslovena que utilizaba sus tradiciones, y su lengua, en armoniosa convivencia con los italianos. Esta situación se vio interrumpida bruscamente con el ascenso del fascismo, que provocó una brutal represión contra los eslovenos.

En estas circunstancias,  la firma del tratado de paz de París obligó a fijar una frontera entre Italia, y la naciente Yugoslavia, que las autoridades de EE.UU. fijaron en la zona de Gorizia. Los eslovenos de Gorizia se vieron obligados a fundar y construir una nueva ciudad, a la que llamaron Nova Gorica, es decir “Nueva Gorizia” en esloveno. Nova Gorica, en pocos años, se convirtió en la ciudad más importante del oeste de Eslovenia, con florecientes actividades turísticas, acompañadas por la presencias de casinos y locales nocturnos. Todas atracciones que seguían prácticamente inexistentes en el lado italiano de Gorizia y que, por lo tanto, convertían Nova Gorica en una especie de mini Las Vegas, en la orilla del Adriático. Así, ambas partes de una misma ciudad empezaron a interpretar papeles distintos y a convertirse en ciudades complementarias. La localidad italiana de Goriza, en efecto, ofrecía trabajo, turismo cultural y los monumentos más emblemáticos de la ciudad; mientras que la eslovena Nova Gorica proporcionaba la parte lúdica, ofreciendo casinos y precios bajos. Cuando cayó el “muretto”, así es como los goriziani solían llamar la verja de separación que había entre las ciudades, las medidas de seguridad empezaron a desaparecer hasta verse prohibidas definitivamente.

Hoy, la ciudad se muestra libre, abierta y merece una visita no solamente por este importante testimonio histórico, sino también por la hermosura de sus monumentos. El castillo medieval, por ejemplo, representa una verdadera joya! De particular interés, en efecto, es la colección de cofres con piezas que datan desde el siglo XV hasta el XVIII. Entre los muchos edificios históricos también destacan el Palazzo Coronini Cronberg, Palazzo della Torre, Palazzo Attems Petzenstein y Palazzo Werdenberg.

 

Además que por su recién  pasado, Gorizia es conocida por una apreciada variedad local de achicoria roja, parecido a una rosa recién florecida y que por eso se le llama Rosa de Gorizia. La rosa tiene un sabor intenso, ligeramente amargo y crujiente. El color es rojo intenso, brillante, con tonos multicolores de color rosa o rojo granate. En octubre, la rosa alcanza el tamaño óptimo, y con las primeras heladas el color de la hoja cambia de verde brillante a rojizo y se prepara para afrontar el invierno. En esta etapa está lista para la cosecha que comienza a finales de noviembre.

Asimismo, entre las recetas típicas de Gorizia, podemos saborear el frico que es una especie de tortilla de patata y cebolla sin huevos y con queso Montasio fundido, los gnocchi de patatas con ciruela aliñados con mantequilla fundida, canela y azucar y los cjarsòns (ravioli con rellenos que contrastan dulce y salado). Como no podía ser de otra manera, aquí, los dulces se tienen que acompañar con un generoso chupito de grappa, aguardiente muy popular que simboliza las antiguas tradiciones de esta región.

Ahora bien, con la barriga llena, ya podemos dirigirnos hacía nuestra siguiente parada: próxima visita, Udine.

45.9401812, 13.6201754

Gorizia

Tras la Segunda Guerra Mundial, la ciudad fue dividida mediante una frontera que separaría a italianos y yugoslavos, quedando la mayor parte de la ciudad en manos italianas, mientras que solo algunos suburbios del este permanecían en manos yugoslavas.

Población: 36.172 hab.

Superficie: 41 kmª